Atalaya 14 de Noviembre 2017

CONAFE ENTREGÓ PAQUETES DE ÚTILES ESCOLARES.- El delegado estatal del Consejo Nacional para el Fomento Educativo (Conafe), Alberto Lyon Aceves Salas, encabezó la entrega de tres mil 387 paquetes de útiles escolares, de un total de ocho mil nueve paquetes que habrán de entregarse entre 36 escuelas del área compensada del municipio de Jesús María. El evento se llevó a cabo en la Escuela Primaria Amado Nervo, a la que llegaron alumnos de los planteles Cuauhtémoc, Gabriela Mistral, Gregorio Torres Quintero, Josefa Ortiz de Domínguez y Solidaridad.

EL SISTEMA EDUCATIVO.- Todo proceso de transformación docente sustenta desde luego la perspectiva de la docencia como actividad o papel fundamental en la estructura social, con sus diferencias, mecanismos de reproducción, necesidades y posibilidades de cambio, ideologías, tensiones y contradicciones. Porque dentro de cada sociedad existen modelos de personas por alcanzar, que se manifiestan como demandas para la misión del docente y, como elementos que configuran su papel y su estatus social; es decir, expectativas que la sociedad tiene de los maestros y el valor simbólico que le da a su tarea. Visto de esta manera, el docente es como una especie de mediador entre las expectativas y las demandas sociales que sintetizan los valores, las creencias, los intereses grupales y generales expresados en un currículo concreto y, el estudiante que se espera sea formado bajo estas exigencias que la sociedad pretende perpetuar. Pero tales ideales e intereses sociales muchas veces sirven para alargar la desigualdad de oportunidades que benefician a los grupos poderosos y dominantes y, afectar a la mayoría de la población. ¿Cuál es entonces la tarea del docente ante las determinaciones sociales que, de algún modo, moldean el contenido y la forma de su desempeño profesional, recreando o prolongando cierta cultura escolar? ¿Cómo se entendería una transformación docente que tomara en cuenta esta dimensión social? ¿Cuál es el problema por enfrentar? La realidad es que el sistema educativo sirve en gran medida como el instrumento operador de la estructura social, con la intervención de las generaciones adultas, para desarrollar capacidades, estados físicos, intelectuales y morales que lleven a los futuros ciudadanos a asimilar los valores y creencias sociales y adaptarse a ellas. En dicha finalidad, el docente es el agente instrumentador, el elemento que tiene relación directa con los niños y jóvenes y puede contagiarles esta humanidad, este modelo ideal vigente a las nuevas generaciones. El problema está entonces, en que el docente, como agente operador, como intérprete de estas demandas sociales, tiene sobre sí la presión de la estructura social, para realizar en los estudiantes el trabajo de reproducción de la estructura social actual, tanto en sus valores, creencias y objetivos auténticos, como en los prejuicios e intereses grupales que conllevan decadencia general. Porque de las demandas sociales expresadas en el sistema educativo y en el currículo de lo que la sociedad espera concretamente del maestro, existe una gran parte de herencia cultural necesaria para preservar. Se encuentra en esta herencia genuina, toda la riqueza del proceso acumulativo y progresivo de desarrollo que la sociedad ha aglomerado en su estructura y en sus formas de organización e ideales que es necesario que el alumno descubra, experimente, comprenda, critique y valore. En una auténtica transformación docente se convierte la búsqueda honesta del maestro y sus depuradas convicciones educativas, al enfrentarse con otros intereses de la estructura social, tanto legítimos como ilegítimos, generando cambios relativamente exitosos con la construcción progresiva de una didáctica superada que da lugar a una genuina educación de calidad. No obstante que se presenta otro elemento de la dialéctica social que se refleja hoy en día y, que obstaculiza la labor docente, donde los padres de familia descargan toda la responsabilidad de educación en la escuela y sus maestros, asumiendo el criterio de que “para eso les están pagando” y, ello los exime de este compromiso, sin importarles la falta de orientación y dedicación que tanto necesitan sus hijos. Es una situación que cada vez más se acentúa en la sociedad; por ello vemos tanto libertinaje que se ha desatado en la juventud y, los padres no se dan cuenta de nada o son los últimos en saber en qué desorden o conflicto andan sus hijos hasta que tienen que enfrentar el problema. Pero la excusa es que los padres tienen que trabajar tiempo completo fuera de casa y no pueden estar pendientes de su educación. Ahora la sociedad, con sus prejuicios dominantes, está exigiendo una cultura rápida que capacite a los estudiantes para pronto ganar dinero. Pero es estrictamente necesaria la activa participación de los padres, quienes, ante la imposibilidad práctica de asumir la educación humana y moral de sus hijos, quieren que sea el maestro el que logre todo y eso es imposible. Pues cuántas veces la misma familia o los padres mismos son mal ejemplo de conducta y es lo que ven y aprenden más rápidamente los educandos. Sin embargo, cada vez menos puede lograr la escuela en educación, empezando por los recortes de presupuestos que mayormente limitan la atención educativa. La inadecuada y equivocada dirección que ha hecho patente la superioridad tanto en la organización como en la administración que debiera de ser la mejor respuesta. La ausencia de oportunidades salariales que tiene que padecer el maestro; pues si antes era favorecido con estímulos como carrera magisterial, con reconocimientos y compensaciones económicas, ahora hasta le roban sus derechos, le exigen más obligaciones, lo condenan y amenazan y está expuesto a perder su trabajo con nuevas y perjudiciales condiciones que le han impuesto.

0
0
0
s2sdefault